Diseñando el Presente 2014

NO SOMOS ROBOTS

Es común pensar que nuestra carrera se basa solamente en acatar órdenes de nuestros clientes y llevar a cabo los “diseños” que nos pidan de forma inmediata, automática, sin ningún tipo de razonamiento de por medio.
En nuestras instituciones se viene enseñando la carrera en su mayoría de dos formas: una en la cual  nos acostumbran a ser robots que saltan de una tarea a otra sin ningún tipo de pausa, pasando hambre, sueño y padeciendo una serie de maltratos psicológicos con respecto a nuestro diseño. Por el otro lado tenemos otra forma que enseña el concepto errado del diseño visto desde el punto de vista meramente artístico, haciéndonos creer que no estamos trabajando en conjunto con alguien más (el cliente) sino que solamente nosotros somos los que sabemos y podemos crear nuestros estilos sin importar “comentarios ajenos”. En ambos sistemas se enseñan las buenas técnicas del uso de softwares, técnicas manuales y tabletas, anatomía y forma, psicología del color y algunas nociones básicas para poder llevar nuestros proyectos a producción.
Sin embargo es necesario ir un poco más allá de lo que nos ofrece nuestra carrera en el mero sentido operativo. Es importante conocer sobre todos los elementos antes mecionados, estar atentos a nuevas tecnologías y poder tener cierta “resistencia” física en caso de que necesitemos trasnochar para culminar nuestros trabajos urgentes. Pero esto no lo es todo.
Trabajamos en un campo creativo por lo cual debemos hacer otras actividades que complementen nuestra carrera. Y esto no solo aplica con nuestro trabajo, pero al tener que estar preparados primero para defender nuestra utilidad ante el cliente, para asesorarle en cuanto a su marca se refiere o para llevar a cabo nuestros propios productos de la mejor  manera posible para generar un impacto positivo en nuestro entorno, es más que necesario:
.- Hablar con personas de más experiencia: Y sacar nuevas ideas.
.- Escuchar buena música: Y expandir nuestra mente.
.- Leer buenos libros: Y tener siempre algo nuevo por hacer.
.- Viajar: En la medida de lo posible y conocer nuevos mundos.
.- Ver buenas películas: Y alimentar nuestra creatividad.
En conclusión, nuestra carrera más que ninguna otra necesita que realicemos actividades que nos nutran, salgamos de la computadora de vez en cuando, nos alimentemos de forma que no seamos una máquina que realiza tarjetas de presentación o folletos y duerme hasta el día siguiente. De eso se trata el diseño, y la vida en general.
IR MÁS ALLÁ
“Te estoy llamando porque necesito un logo para mañana, algo no muy complicado, somos una compañía de grifos de agua por lo cual quiero que el logo sea un grifo…” ¿Quién no ha recibido esta llamada y luego de trancar casi quiere llorar? ¿Qué hacer ante esta situación?
Una de las cosas que en la mayoría de institutos no nos enseñan es al trato con los clientes. Simplemente pensamos que este conoce de nuestro trabajo tan bien como para pensar que un logo de grifos de agua no tiene por qué ser necesariamente una tubería y que requiere de un tiempo conceptualizar y llevar a cabo las propuestas para elegir algo verdaderamente impactante y coherente. También damos por sentado  que nuestro cliente conoce de imagen corporativa. Todo esto la mayoría de veces  es un error. Aquellos que piden cosas “al azar” como logotipos o pendones, no tienen mucha idea ni de los tiempos, ni de los conceptos y mucho menos de que lo ideal es que todas estas piezas estén enmarcadas en una estrategia para su correcto funcionamiento, porque de lo contrario solo serán elementos aislados que pueden existir y llamar la atención momentáneamente pero no causarán el efecto deseado.
En un libro muy antiguo sobre marketing, ventas y trato hacia los clientes escrito por Dale Carnegie nos indican que psicológicamente nuestro deseo más profundo es el deseo de ser importantes y la forma en la cual percibimos este deseo es lo que nos lleva a destacarnos en diferentes cosas y en su mayoría a querer sobresalir. ¿Por qué saco a relucir este concepto? pues muy sencillo; esa persona que nos llama por teléfono no está conciente de todo el trabajo de fondo necesario para que su pieza sea efectiva, es decir, cree que la manipulación de un programa durante un par de horas servirá para crear una pieza que lo llevará a la “fama” de su empresa. Porque por algo le interesa tener un logo en primer lugar.
El cliente ve una gran valla de x producto muy popular y piensa “wao, eso es lo que quiero para mi empresa” contratemos un diseñador. Pero no piensa “realicemos una estrategia”. Simplemente cree que la parte gráfica lo resolverá todo.
Aquí entramos nosotros en un juego interesante. Alguien enfocado meramente en la parte monetaria responderá “claro que si, te haré el logo en un par de horas con tu grifo, son X bf” y listo, el cliente verá que por colocar su logo en una hoja membretada o en una red social el efecto no está siendo el correcto y no sabrá qué sucedió o simplemente pensará que es un logo “mal hecho” y podría hasta echarle la culpa a la parte técnica de la creación del arte (se han visto casos).
Sin embargo, podemos ayudar a nuestro cliente y no solo esto, enfocarnos en algo que podría rebotar como un boomerang a nosotros si se hace correctamente. Podemos responder “Por supuesto que puedo hacerte este logo, pero por qué un grifo…?” por aquí estamos tratando de ayudar al cliente ofreciéndole aparte de lo que desea, muchas piezas más que ayudarán a su gestión de marca y no solo esto, una estrategia para lograr que venda más. Nos convertimos en asesores de su marca o por lo menos lo intentamos, convencidos de que si unimos nuestras miradas hacia un solo objetivo saldremos ganadores ambos.
¿Cómo se logra esto? investigando acerca de quién es nuestro cliente, aplicando su matriz DOFA, realizando estudios de mercado, encuestas, descubriendo qué piezas son las que realmente necesita (porque no todas las empresas necesitan vallas en la autopista por ejemplo), qué evento puede realizar para que su marca llegue a su target, etc.
Esto suena muy platónico, la realidad es que muchos clientes simplemente desean su pieza inicial y más nada, por más de que les tratemos de convencer de que los conceptos y las estrategias son los que valen para gestionar una marca, más allá del manejo de programas y los colores de una pieza (a los que no se les está restando importancia en lo absoluto).
Es la aventura a la que debemos lanzarnos cuando nos proponen piezas aisladas. Quizás sea el inicio de toda una experiencia, quizás simplemente deseen una pieza y listo. Pero cumplimos con tratar de mirar más allá y de trabajar en función de una mejoría real.

CONVERTIRSE EN CLIENTE
Muchos diseñadores tienen como meta crear sus propias obras o productos para el público. Quizás algunos piensan que es conveniente, y de acuerdo al ramo en el cual quieran desenvolverse, trabajar con gente de la cual puedan aprender sobre los mecanismos del mercado actual, algunos consejos de ventas y cómo defender sus puntos de vista ante el tan temido cliente.
Sin embargo cabe la pregunta ¿Cómo se logra un “buen” punto de vista? ¿Es absolutamente necesario trabajar a otros antes de trabajar por nosotros mismos? ¿Qué quiere decirnos la paradoja número tres del diseño al indicar que demos “transformarnos en clientes”? ¿El cliente siempre tiene la razón o somos nosotros? ¿Quién la tiene?
Una de las principales cosas de las que debemos encargarnos en nuestro trabajo consiste en el contenido. Un proyecto sin contenido real no será muy satisfactorio por lo cual es necesaria la práctica de la lectura y la escritura, redacción de titulares, ajustes del contenido del cliente a un diseño, ideas para slogans… creatividad literaria por así decirlo.
De la misma manera un diseño debe estar enmarcado en un contexto. Esto no sólo es saber el target al cual queremos llegar, sino ahondar sobre los problemas de comunicación existentes en dicho target para lograr lo que todos aspiramos: resolverlo por medio de un gran diseño y no ser un ornamento más.
Para dirigir un buen proyecto es necesario conocer las técnicas de producción gráfica, los procesos de impresión, las tipografías y el color. Así no seamos los que estamos directamente ejecutando las acciones en la computadora, un diseñador debe conocer todo el mecanismo para educar a otros.
Por último, pero muy importante, compartir las ideas y comunicarse es lo primordial. Muchos diseñadores se caracterizan por ser personajes reservados e incluso recelosos de comunicar su idea al resto por miedo a que puedan robarlas o burlarse. No hay que tener miedo. No me refiero a que andemos gritando todo lo que se nos pase por la mente a los cuatro vientos sino a esta interacción maravillosa que podemos realizar con cualquiera a nuestro paso. Señoras que se nos sientan al lado, niños, jóvenes, personaje que parecieran rígidos con sus maletines y corbatas, personajes que parecieran marginados por la sociedad con sus cabellos largos… en fin, cualquiera puede hacer que nos explote una GRAN idea con tan solo un comentario. Las mejores campañas siempre se basan en pequeños detalles cotidianos.
Algunos clientes no saben sobre las tendencias del mercado, algunos no tienen un buen sentido de la estética y otros se van por lo fácil. Es nuestra misión estar atentos al contexto al cual queremos llegar y educarnos para educarles y facilitarles su objetivo: comunicarse y hacerse presentes entre todas las marcas existentes.
Quizás no es necesario que pasemos toda nuestra vida trabajando en función a otros antes de generar nuestras propias obras. Podemos hacerlo de forma simultánea y aprender no solo de nuestro entorno laboral inmediato sino de las personas que conocemos día a día. Aquí radica la verdadera sabiduría, no solo para el diseño sino para la vida.

NO EXISTEN MALOS CLIENTES…
¿En realidad existen malos diseñadores solamente? ¿Es siempre nuestra culpa que los proyectos no se lleven a cabo de la mejor manera? ¿Debemos dejar que nuestros clientes nos pisoteen sin piedad? ¿Debemos pisotear a nuestros clientes sin piedad? ¿Somos víctimas de malos clientes o ellos víctimas de malos diseñadores?
Un diseñador gráfico es enseñado en primera instancia a trabajar como un obrero. Recibe órdenes en su mayoría poco claras de lo que se quiere y se pone a trabajar horas y horas en lo que le han dicho hasta tener un trabajo terminado que muchas veces no satisface  a la persona a la cual va destinado. Se le prepara para llevar a cabo las tareas en el menor tiempo posible y contra todo obstáculo, dígase horas sin dormir, bajones de luz, cambios a última hora o peticiones “imposibles”.
Esto se puede ver desde ambas caras: la primera es la cara de lo útil, ser una máquina  que eventualmente se quemará. Porque dentro de esa falsa eficacia que logra día tras día “diseños” , este amigo nunca se explica para qué son. Tampoco se preocupa en investigar acerca de lo que desea su propio cliente ni a quién va dirigido el vector que traza en la pantalla.
La otra cara es usar este condicionamiento a nuestro favor. En el caso de aquellos que tratan directamente con los clientes es una herramienta que hay que usar con cautela. No demostrarle al cliente que somos “todopoderosos” porque para algunos, esto puede ser un cuchillo de doble filo generando abusos de todo tipo, llamadas a última hora, cambios innecesarios, ponernos a su merced. Pero tampoco ofrecerle una imagen de lentitud y autoritarismo, ya que a final de cuentas es alguien a quien queremos ofrecerle el mejor servicio posible.
¿Cómo podemos lograrlo? Estableciendo las pautas desde un principio, generando minutas en cada reunión en la cual se lleguen a acuerdos mutuos con respecto al tiempo, número de sesión de bocetos, presupuestos y demás elementos que componen el proyecto que se realizará. Sin estos acuerdos vamos a generar desorden y pérdida para nosotros mismos.
Cabe destacar que hay clientes con los cuales es muy difícil trabajar por ejemplo:
.- Aquel que cree que se las sabe todas: Es imposible convencerlo. Esta persona, a pesar de que estudió algo completamente diferente a la publicidad, mercadeo o afines, pretende saber de todo. Nos hace sugerencias realmente antiestéticas y no se abre ante nuestras propuestas. Cree que los diseños, campañas y eventos son un juego que se hace de un día a otro sin el menor esfuerzo.
.- El cliente manipulador: El que te hace creer que tu trabajo no vale la pena. Siempre se quejará así el trabajo esté bien hecho. Por lo general una excusa para bajar los costos. No debemos caer en esto.
.- El cliente amenazante: Siempre tiene otro supuesto diseñador bajo la manga. Lo hace para que le bajemos los precios al punto de regalarle el trabajo con la condición de que “siga con nosotros”.
.- El de las sugerencias locas: Este es quizás, el más llevadero de todos. Es aquel que desea una foto de su hija en el logo de la empresa, o un anaranjado chillón para un banner de salud. Podemos asesorarlo con mano de seda.
A pesar de ser diseñadores jóvenes, debemos estar pendientes de esta clase de clientes. Cumplir nuestra parte siempre teniendo un concepto en mente, investigando y haciendo las cosas lo mejor posible y estar concientes de que no hay clientes perfectos. Pero si no trabajamos en la comunicación de lo que hacemos y somos, los clientes lo definirán según lo que mejor entiendan. Hasta el próximo número.

EL DISEÑO Y LA SIMBOLOGÍA
A la hora de diseñar es necesario conocer acerca de la simbología presente en el mundo para llevar a cabo el proceso de creación lo mejor posible. Un símbolo es una idea que puede percibirse a partir de los sentidos y que presenta rasgos vinculados a una convención aceptada a nivel social. El símbolo permite exteriorizar o reflejar un pensamiento o concepto. Se puede hablar de los símbolos nacionales, religiosos o linguísticos. Existen miles de símbolos instalados en el inconsciente colectivo que permiten a la publicidad realizar sus campañas con mayor éxito, fijándose en las tendencias generales de la masa y transformándolas en nuevas necesidades.
Sin embargo, lo interesante de esto es que no en todos los países existe el mismo significado ni los mismos símbolos. Por ejemplo, la esvástica originalmente era hindú y representaba el “Samsara” o la reencarnación. Luego pasó a ser conocida mundialmente como la representación del partido NAZI. Tenemos el caso de la serpiente, la cual en la religión cristiana es la que incitó al pecado a la primera mujer creada, pero en la antiguedad representaba la imagen que reencarnaba y se revestía de nueva piel o en el esoterismo era el “auroboro” la serpiente que se muerde la cola y representa el infinito. También en el caso de los colores, el rojo representa por lo general peligro o pasión, sin embargo en otros países se asocia más con partidos comunistas, símbolos reales, buena suerte o dinero.
De esta forma, cuando pasamos a las exigencias del cliente, nos encontramos con que este no tiene idea de qué elementos usar para llevar a cabo una buena gestión de marca. Es por ello que antes de realizar nuestra propuesta debemos investigar dónde estamos ubicados. Investigar el nivel cultural del target, situación del país, situación del lugar al cual vamos a llegar, entorno en el cual se va a colocar el arte y todo lo que va “alrededor de la realización de la pieza. El diseño gráfico está considerado casi al final de la cadena de la realización de una campaña. En él convergen todas las ideas que se vinieron gestando desde un principio para hacer que el cliente potencie su imagen y tenga una buena identidad corporativa.
Teniendo esto en mente, analizamos la propuesta conceptual que se ha concebido entre todos y nos trasladamos a los elementos gráficos, que son de suma importancia para la transmisión del mensaje; los símbolos a utilizar, los colores, las formas y la tipografía. Esta última también con una cantidad de historias detraás de cada estilo de letra.
Es importante comenzar a diseñar teniendo claro el entorno a donde va a llegar el arte, el target, el tipo de cliente, sus intereses, la interpretación de los símbolos a utilizar en nuestro diseño y usar de forma consciente todos los elementos gráficos que muchos usan ”al azar” solo porque se ve “bonito”. He ahí la verdadera esencia del diseño, crear una estética original, transmitir un mensaje de la forma más impactante posible, todo esto cumpliendo con los parámetros culturales establecidos. Tarea fácil.

DISEÑANDO EL PRESENTE
Al graduarnos de diseñadores o ilustradores, salimos inmediatamente al mercado laboral. Algunos como free lancers y otros como diseñadores internos de empresas. Como toda profesión, al conocer a otros diseñadores más experimentados, comenzar en proyectos nunca antes realizados e insertarnos en el rápido y delicado mecanismo del trato con los clientes, vamos aprendiendo cada día más.
Es importante comprender que somos parte de una cadena en la cual recibimos una información rápida de parte de nuestros superiores o clientes acerca del proyecto a realizar. Uno de los errores más comunes es el de dejarse llevar por el apuro del momento y realizar o bien un diseño creativo que no tiene que ver con los intereses particulares del target al que llegará o un diseño comercial que no llena, hecho con extrema rapidez que se perderá entre otros “diseños masa” por no haber meditado al respecto.
Para comprender mejor el mecanismo por el cual deberíamos guiarnos a la hora de realizar un diseño debemos primero hacernos las siguientes preguntas. ¿Para quién va dirigido? ¿Realmente están preparados para recibir un diseño que rompa algunos esquemas o hay que irse por algo más simple? ¿Lo simple debe ser a juro algo ordinario? ¿Qué debemos combinar para lograr que el cliente esté satisfecho y nosotros también?
De esta manera es cuando procedemos a investigar un poco acerca de lo que se ha hecho en el área en la que se desenvuelve el cliente al que le estamos trabajando.  Si por ejemplo estamos haciendo un diseño para un cliente relacionado con salud, no podemos expandir nuestra imaginación hacia algo demasiado colorido, por muy rompe esquemas que querramos ser. Sin embargo, como no deseamos poner una foto de un médico con el texto al lado, quizás la combinación de una ilustración simple con una tipografía limpia logrará el comienzo de una buena sesión de bocetos.
Muchas veces, cometemos el error de sentarnos en la computadora directamente sin bocetear ni investigar, guiándonos nada más por lo que se pide en el momento y dejándonos avasallar por los tiempos de entrega, sin comprender que es mayor el tiempo perdido volviendo a replantearse el proyecto que el tiempo invertido en investigar para sacar algo concreto y que no tenga necesidad de correcciones sino en tal caso de algunos detalles breves.
Es importante leer lo que nos mandan. Comprender firmemente lo que se nos pide y no lanzarnos por apuro a hacer algo que no nos aceptarán finalmente por mucho que nos agrade.
De la misma manera, es importante entender, que el diseño gráfico no es arte. Por lo menos no de una forma literal. Me viene a la mente una frase: “La magia del diseño consiste en combinar nuestra parte más creativa con nuestra parte más lógica”.
En conclusión, estamos generando un hijo entre el cliente y nosotros. Un hijo que debe agradarnos a ambos. Una combinación entre nuestra locura y ganas de cambiar al mundo y una funcionalidad en la comunicación que es lo que al final interesa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s