2016

Los héroes somos nosotros

Hace algunos días, me enviaron un video en el cual se criticaba ampliamente a la naturaleza humana y a su indiferencia. En este se podían observar varios casos de la vida cotidiana en los cuales la violencia predomina. Llamó mucho mi atención una parte en la cual reseñan el maltrato a los animales; allí colocaron imágenes espeluznantes de animales siendo despellejados y gritando de dolor. Esto causo un impacto irremediable en mí; lloré por varias horas y estuve el resto del día con nauseas y sintiéndome verdaderamente mal.

Posteriormente, el sábado me levanté y revisé el Instagram para entretenerme un rato. Cuál es mi sorpresa al encontrar una foto de una perra lanzada desde un piso alto de un edificio, a la cual le tomaron fotos en el suelo para criticar la naturaleza humana nuevamente. “Venezuela se pudrió como sociedad” rezaban muchos de los comentarios de los seguidores de esa cuenta; una fundación para el rescate de animales abandonados.

Entre las personas de mi Whatsapp, tengo una o dos amigas que se encargan todo el día de mandar informaciones relativas a la situación política del país y otras más “de interés general”. Después de un irónico mensaje a primera hora de la mañana, que por lo general comienza con un “Feliz Día. Que Dios te acompañe en esta magnífica jornada”, empieza el bombardeo de titulares como “asesinado en su casa de 5 puñaladas”, “insecto carnívoro come carne humana, cuidado” y todos los horrores mundiales que suceden; terremotos, violaciones, bombardeos, etc.

Algunos de los lectores dirán “Bueno, pero es que hay que estar informados de todo”, cosa de la cual difiero un poco. Es alarmante como cada día son mayores los casos de cáncer y enfermedades mentales en el mundo. ¿A qué se debe? Algunos especialistas dicen que el cáncer está ligado al resentimiento que nos carcome el cuerpo, entonces ¿Qué causa más resentimiento que ver las injusticias en el mundo y no poder hacer nada por ellas?

Rara vez recibo mensajes positivos; ¿Dónde están los ganadores deportivos del día? ¿Dónde están los concursos de música que se están haciendo? ¿Qué exhibiciones de percusión realizaron? ¿Cuántos talleres de ilustración para formar niños se están movilizando? ¿Cuántos perros están siendo rescatados a diario por personas de buen corazón?, ninguna de estas informaciones me llega de la forma tan constante como sí lo hacen las otras.

En un libro leí una vez que una emisora de radio estadounidense se dedicó exclusivamente a dar las buenas noticias. Al cabo de unos meses, quebró. Sin embargo, podemos ver canales como Investigation Discovery, (que transmite policiales, crímenes, asaltos, etc) el cual han tenido un éxito rotundo.  Ahora bien ¿Si nuestra mente se supone que atrae lo que piensa, no estamos llamando constantemente estas situaciones al estar inmersos en esta clase de noticias?

Es necesario hacer un equilibrio. En tiempos de nuestros padres y abuelos los problemas inherentes a ellos eran los de su país, o si acaso los vecinos. En ocasiones llegaban noticias a través de los periódicos sobre las guerras en otros lugares o las decisiones de presidentes extranjeros que afectarían directamente a Venezuela.  Sin embargo, actualmente nos enteramos de todo lo malo ocurrido en todo el mundo. Provoca suicidarse al final del día.

El mundo no es tan feo como lo pintan. Existen personas que se dedican a hacer el bien a diario, incluso en “sociedades tan podridas” como la venezolana. Profesores a los que les pagan una miseria pero dan lo mejor de ellos con sus estudiantes para que salgan a flote, rescatistas de perros que se arriesgan a no comer ellos por salvar sus vidas, niños de origen humilde que logran superarse ampliamente, gente discapacitada que logra cosas asombrosas, conductores que aún dan el paso a los adultos mayores, personas que se detienen a ayudar a otras a pesar de todos los riesgos existentes, hombres y mujeres cordiales que no salen reseñadas en las noticias y son los que aún mantienen la esperanza en esta situación.

Probablemente nuestro país tiene, en efecto, grandes problemas sociales generados por todas las malas administraciones del pasado. Pero nada estamos haciendo al bombardearnos entre todos por las redes sociales con las discusiones políticas diarias que no resuelven nada, con animales torturados, horrores de guerras extranjeras y casos cada vez más sangrientos. Así como un ser humano con problemas mentales se puede curar a través del arte, el deporte, la música y la pasión en general hacia algo, así podríamos ir tratando de solventar por nuestra cuenta los problemas sociales de nuestro país.

Lo que sucede es que estamos demasiado inmersos en la discusión, como si fuera uno de los capítulos de la vecindad de Chavo del ocho. Y no nos hemos detenido  a pensar ¿Qué puedo hacer yo como persona para arreglar socialmente la situación de mi país? No nos creemos necesarios, pensamos que huyendo de todo las cosas quedaran a cargo de “personas mejores” y en realidad, los héroes somos nosotros.

Artículo: Mejor no planifico

La semana pasada cambié mi trabajo para el horario de la tarde – noche con el fin de poder hacer mis prácticas musicales en la mañana. Todo estaba perfectamente planificado por horas e iba a salir a la perfección. Cuál sería mi sorpresa que esa sería una de las semanas más caóticas de mi vida.

Venezuela se ha caracterizado desde hace muchos años por ser un país “de improvisación”. Mi padre era un hombre muy perfeccionista y siempre sufría por los pequeños detalles que marcan la diferencia entre los países del primer mundo y este: carros que se comen las luces, basura, buhoneros, personas llegando horas después a las citas, malas señalizaciones, incoherencia general, Etc.

Cabe destacar que hace veinte años aún había cierta capacidad de planificar nuestra vida. La incertidumbre no era la medida de nuestra existencia. Sin embargo, la semana pasada tuve que convencerme de que si no quiero morir de un cáncer antes de los 35 años, mejor trato de no molestarme mientras pasa esta situación. Es increíble cómo nos quedan ganas de salir a trabajar diariamente en un país con estas condiciones de vida.

Lunes, martes y miércoles se fue mágicamente el internet lo cual trastornó completamente mi horario. El día lunes debí salir a un cyber café, idea que no fue acertada puesto que terminé gastando gran cantidad de dinero en un día de trabajo, es decir, estaba trabajando por el mero placer de. Los días martes y miércoles logré con gran sacrificio mandar lo que quería a través de los datos del celular lo cual generó que se dañara el cargador. Me tardé el doble de lo que tardaría trabajando en condiciones coherentes.

El día jueves decidí enviar un mensaje a mis clientes que no podría trabajar debido a las circunstancias y que esperaría la llegada del sistema y el día viernes finalmente, llegó. Estaba rebosante de felicidad y comencé mis labores con gran alegría cuando de repente, y como sacado de la ficción, se fue la luz por horas. Realmente no puedo recrear en este artículo lo que dije en ese momento.

Lejos de ser esta una historia aislada de una ciudadana que tuvo una semana pesada, cabe destacar que en esta clase de rutinas se ha transformado la vida cotidiana del venezolano de la clase profesional; una constante pérdida de tiempo. Cuándo hay luz y agua, no hay gas, cuando hay agua, gas y luz, no hay internet y así, es imposible contar con los servicios completos por lo menos un día actualmente. Empezando por la propia comida, para la cual pierdes horas en colas. ¿Esto era el socialismo? ¿Este es el hombre nuevo? ¿Esta es la nueva visión de la igualdad?, entonces en palabras de Mafalda “paren el mundo que me quiero bajar”.

Cuando el viernes pensaba que todo iba a estar en paz finalmente,  en horas de la noche, un carro fue perseguido por una camioneta para robarlo. El chofer decidió tras una aparatosa maniobra meter el auto contra la reja de nuestro edificio y se la llevó. Gracias a Dios salvó su vida, pero estamos sin reja. Ahora hay que hacer un pago por apartamento y efectuar guardias en altas horas de la madrugada arriesgando nuestras vidas durante tres horas cada noche. Hoy nos toca a nosotras a las 2:00am.

Realmente no sé si es que no estoy haciendo los decretos correctamente, quizás debo preguntarle a Louise Hay o a Deepak Chopra qué es lo que pasa. A veces me gustaría invitarlos una semana a Venezuela a tratar de sobrellevar toda esta situación, esta cotidianidad piedrera, esta pérdida de productividad generalizada, esta devolución en el tiempo que nos tiene a todos de cabeza. Quizás duden en decir placenteramente cada mañana que todo está bien en mi mundo.

Mi semana culminó superando todos los obstáculos y pensando en el dolor que me produce toda esta situación. Eso aunado al hecho de que una de las personas más importantes de mi vida se va a 30 horas de caracas a causa de la inseguridad en menos de 8 días. Trataré de pensar que hay gente mucho peor que yo y que quizás es una prueba de tolerancia o algo que solo comprenderé en años venideros. Y por ahora, mejor no planifico.

ArtículoSer bello, ser amado y vivir para siempre

Recuerdo que en el año 2011 encontré mi primer trabajo como diseñadora en una agencia de comunicación estratégica. Cabe destacar que al inicio todo fue color de rosas y la persona al mando era bastante amigable. Siempre ensalzaba todo lo que le enviaba. Sin embargo comparaba constantemente la mala actitud con la cual los demás compañeros se desenvolvían. Yo no me explicaba por qué aquellos hombres y mujeres estaban en sus cubículos amargados y siempre a la expectativa de que pasara lo peor cada vez que llegaba el jefe. Posteriormente ese mismo diciembre, en una conversación amena aparecieron las primeras señales de alarma. La frase más contundente fue aquella en la cual él defendía el hecho de no dar aguinaldos a los trabajadores porque “si yo me mato todo el año sacando adelante mi empresa, ¿Qué me importa una “pendeja” que ha trabajado unos meses apenas?”…

Pasaron los años y el jefe carismático se transformó en un auténtico monstruo. Botó a casi todo el equipo viejo y dejó la oficina prácticamente desierta. Posteriormente fue integrando a personas tan jóvenes como yo (21- 26 años) en el equipo, seres capaces de manipular. Todo se fue complicando. Ingresé a la clínica varias veces por situaciones de estrés. Trabajábamos fuera de horario, fines de semana, en actividades que no eran inherentes a nuestro cargo y no recibíamos ni siquiera los beneficios de un empleado regular. A todo esto se sumaba el hecho de sentirnos constantemente culpables de  las cosas que salían mal. Al cabo de dos  años cobré fuerzas suficientes para poder terminar esa situación. Ahora la veo a la distancia y no puedo creer cómo no vi en dónde estaba metida.

Cabe la pregunta ¿Las corporaciones nos necesitan con mentes vulnerables? ¿Mientras más débiles y poco asertivos mejor? ¿Qué desean las compañías de nosotros?  ¿Qué ideas nos venden las publicidades? ¿Están todas nuestras actitudes conectadas? Desde que nos levantamos y observamos la pantalla de nuestros celulares a primera hora del día hasta que nos acostamos por la noche, estamos sometidos a alrededor de 500 o más mensajes y afirmaciones presentes en los posts de las redes sociales, las vallas publicitarias, los comerciales en la televisión y la radio. Pero ¿Qué tienen en común todas estas publicaciones? ¿Qué quieren hacernos sentir? ¿Qué busca el ser humano?

Probablemente nos debatimos entre tres grandes deseos: ser bello, ser amado y vivir para siempre. ¿Pero son estas ideas originales? ¿De dónde salen? ¿Quién establece el canon de belleza? ¿Por qué el ser amado es un privilegio para pocos? ¿Por qué es necesario vivir para siempre? Cabe destacar que de alguna manera las grandes empresas buscan constantemente mantenernos ocupados, alienados. Al insertarnos sus ideas nos hacemos vulnerables. Bajamos la guardia. Estamos drogados. La publicidad busca hacernos sentir que podemos conseguir la felicidad permanente si tomamos sus bebidas, que podemos ser eternamente jóvenes si nos untamos sus cremas, que podemos ser amados por todos si usamos sus automóviles, que podemos invertir nuestro tiempo en una empresa trabajando “apasionadamente” días y noches sin tener una vida propia porque eso es lo correcto cuando en realidad están utilizándonos a su favor sin ningún beneficio. A veces no nos damos cuenta de nuestra propia debilidad. No vemos con cabeza fría las situaciones porque estamos metidos en una burbuja artificial de ego y evasión que nos han inyectado desde muy pequeños.

En el colegio nos enseñan aritmética, lenguaje, ciencias naturales pero no nos enseñan a estar conscientes de nosotros mismos. Sería muy peligroso. En lugar de eso somos entrenados como carne para una corporación. Una máquina que mientras más feliz esté durante el día y piense que todo está perfecto constantemente, mejor. Una persona que no puede estar triste y cuyo objetivo debe ser buscar la belleza, juventud y amor eterno. Nada más lejano de la realidad.

 

Artículo: Recuerdos de una adolescente

Hace algunos días, me detuve en un lugar que representó una etapa de mi juventud temprana (desde los 16 hasta los 19 años): La Plaza La Castellana. Habiendo estudiado en el IDC (Instituto de diseño de Caracas) y posteriormente en el Centroart, no es raro pensar que pasé gran parte de mi tiempo  tomando bocetos para los trabajos requeridos o socializando allí. Me sorprendí al ver lo árida que se encontraba. Ni una sola planta, los bancos un tanto estropeados y además estaba poblada de gente de dudosa procedencia apenas siendo las 4:00pm. Sin embargo, tomé la decisión de sentarme un momento a coger aire y pude recordar gratas e inolvidables ocasiones en esta época. Nombraré algunas a continuación:

. Había un sitio llamado “Lobby” en donde realizábamos nuestros ploteos e impresiones, mientras bebíamos un café de la máquina, que no pasaba de 10mil bolívares (10Bsf).

. La esquina era un sitio de reuniones entre las clases en donde era costumbre hablar de los proyectos o simplemente esperar  mientras se bebían refrescos o se fumaban cigarrillos. La caja de cigarros de la marca más cara (Lucky Strike, Marlboro…) costaba 7mil bolívares (7BsF). Ese mismo año, la Lucky Strike sacó una caja rotatoria de metal que era todo un lujo. La podías comprar con 30mil bolívares. (30BsF)

. Un día, estábamos sentados dentro del Instituto y pasaron unas promotoras del desodorante “AXE” que REGALARON latas de desodorante pequeñas edición especial para promocionar el producto.

. No era un problema adquirir los materiales de diseño, que eran costosos para el momento, pero se podían comprar. Cartón uno en kilo, cartulinas, papel protector, láminas de PVC o cloruro de metileno. Interesante es que hace unos días una amiga me preguntó dónde conseguir cartulina de construcción, que no encuentra…

. La compra del aerógrafo tampoco fue un drama. En los dos caminos vendían los compresores de aire. Y dicho aerógrafo costó alrededor de 500mil (500Bsf)

. Salir a fiestas nocturnas o ir a reuniones que pasaran de las 11:00 pm tenía sus riesgos como siempre, pero nos cansamos de ir a diversos locales y mi padre llegó a buscarme en su carro a las 3 de la mañana para regresar a casa. Jamás nos sucedió NADA. A ninguno de nosotros.

. Con aproximadamente 50mil bolívares (50Bsf) podíamos bajar al Farmatodo de la esquina y comprar: Un chocolate Snickers, unas cotufas de microonda, gomitas o marshmallows y una Pepsicola de 2lts. Y con 150 Bsf podíamos ordenar una Pizza en Domino´s Pizza, con la condición de que si se tardaban más de 30 minutos en llegar, saldría gratis, (cosa que llegó a pasar varias veces).

. Los combos en McDonalds costaban entre 10mil y 40mil bolívares (10Bsf y 40Bsf). Podías comer en la calle alrededor de 3 veces por semana. Y casi ninguno trabajaba, solamente estudiábamos.

. Mi madre enviaba el carro a revisar al concesionario 1 vez al año, no significaba ningún problema.

. Todos los meses agosto o septiembre, viajábamos por el interior del país. Quedándonos en Hoteles y Posadas excelentes y comiendo y bebiendo lo que se deseara.

. Muchas veces salí a tocar batería con mi banda, terminábamos a las 3:00 am y nos regresábamos a las casas sin ningún problema.

. Todos los viernes en mi casa, nos reuníamos a comer y beber o salíamos a algún restaurante. No representaba un gran desfalco a la economía familiar.

. Todos los sábados se hacía el mercado de la quincena. Era el único día en que se pensaba seriamente en qué se iba a comer. También había agua, luz, teléfono e internet la mayoría del tiempo en las casas. La luz solo se iba si había tormenta.

Estos recuerdos hacen pensar que quizás soy la hija de una rica empresaria o algo así, pero no. Mi madre y yo somos de una clase profesional que vivía como deberíamos vivir todos aquellos que trabajamos para salir adelante; comiendo lo que nos guste, teniendo momentos de esparcimiento y estudiando lo que queremos. Tampoco soy una vieja setentona  que escribe, esta realidad libre era hace 10 años apenas. Entre 2006 y 2009, cuando, aún estando Chávez en el poder, había la posibilidad de darle un giro a la economía sin tener que llegar a esta cotidianidad nefasta y a este socialismo piedrero que nos igualó a todos hacia abajo: carros detenidos por falta de repuestos, búsquedas interminables de comida por horas en colas, escasez absoluta de las necesidades básicas, recorte de servicios, incertidumbre, inseguridad, deterioro de los espacios públicos  e inflación desmesurada.

Solo me queda decir bienvenidos al hombre nuevo.

Artículo: Tenemos todo y no tenemos nada

Un joven atractivo de unos 24 años observa un mensaje de texto  en el cual es invitado a una parrilla en donde sus compañeros le incitan a que haga parte de la diversión tocando como percusionista en el conjunto musical  ¿Se Llevará la batería? ¿Con todos los tones? ¿Y los tambores? ¡Nada que ver! ¡Demasiado esfuerzo! El nuevo “Cajón to go” es la solución. Ya arreglado para la ocasión el joven se lo coloca en la espalda y  monta en su bicicleta.  Se traslada a lo largo de un bello paisaje que nos deja boquiabiertos  hasta llegar a una acogedora casa de campo.  Se baja, bebe unas cervezas con sus amigos y toca su cajón con la mayor felicidad del mundo…  Así va un video que vi hace algunos días en una de las páginas de Facebook de una famosa marca de instrumentos de percusión.

Debo admitir que después de ver tan hermosa presentación, no solo me quedaron ganas de tener un “Cajón to go” sino que además me imaginé colocándomelo en la espalda mientras bajaba en bicicleta por las calles de Caracas.  No pude evitar  pensar en que lo más probable es que llegara a mi destino sin el cajón, sin bicicleta, o atropellada por algún inconsciente conductor.  Confieso que me sentí pequeña repentinamente, y deseé haber nacido en otro país, uno europeo quizás.

Cabe destacar que justo en los días decembrinos, encargué mi Bongó Cajón en los talleres de Maracay “Los Cruz” y me di cuenta con gran satisfacción que son excelentes instrumentos fabricados aquí en Venezuela. Por la misma fecha  una amiga que vive en los Estados Unidos vino para acá de vacaciones a visitarnos a propósito de las fiestas. Y aprovechó los beneficios del cambio de la moneda  para hacer un  viajecito  hacia Canaima, nada barato por cierto.  Sus fotos causaron sensación en el Instagram.  Me dijo que regresó iluminada, que el viaje fue una meditación trascendental y que tanta belleza era difícil de imaginar.

Días más tarde leo en el periódico que el precio de producción del petróleo está costando más del precio de venta. Es decir, nuestra economía está en picada ahora más que nunca. Sin mucho ánimo, subo por las escaleras del edificio (ya que no sirven ninguno de los dos ascensores) y en el transcurso de los días me doy cuenta de que no llega el agua al punto de la escasez total. Ahora el viejo precepto del manual de Carreño en el cual debía uno lavarse la cara y las partes pudientes todos los días y tomar una ducha de cuerpo completo  por lo menos una vez a la semana, se vuelve a poner en práctica.

Vaya dualidad: en un momento me entero de que un compañero de mi promoción realizó una nueva red social y fue entrevistado en un programa de emprendimiento pero  al minuto siguiente debo atravesar el basurero esparcido a lo largo de las calles de mi urbanización. Repentinamente escucho que Venezuela gana la batuta de oro pero al siguiente día hago tres horas de cola para comprar dos paquetes de café… nos encontramos en el medio de dos fuerzas opuestas. Y así estamos en un eterno vaivén en donde pareciera que nos hundimos progresivamente pero por el otro lado no hay de qué preocuparse pues “lo tenemos todo”. Recordé el video y me pregunté ¿Por qué nos seguimos enfocando hacia afuera? ¿Por qué seguimos teniendo tan baja autoestima? ¿Por qué seguimos en nuestra mentalidad piedrera de cambiar espejitos por oro? Ah, esta economía rentista nos lleva de cabeza. Bien lo dijo el sabio Uslar años atrás “Hay que sembrar el petróleo”. No será si será siembra o que cosa será.

Quizás lo que se impone es el viejo dicho de que no basta talento sino transpiración. Pero mientras sigamos poniendo el poder en manos de caudillos psicopáticos, que disfrazados con una máscara de amor al pueblo lo que han hecho es robar y dejarnos en el hueso, mientras la gente se queje de no tener pero no hagan nada para poder arreglarlo, mientras sigamos prefiriendo lo importado a lo de fabricación nacional, mientras no podamos ni siquiera tener la inteligencia emocional como para no comernos una luz o poner una concha de cambur en donde va  y mientras creamos que todo va a resolverse tarde o temprano porque total “estamos en un colchón de petróleo”, seguiremos en esta dualidad que ha caracterizado al venezolano hace bastante; tener todo y no tener nada.

 

Artículo: El hombre nuevo

Hace algunos días, leía un texto acerca del  “hombre nuevo” del cual tanto se habla en nuestro país. El texto reza lo siguiente:

…“El Hombre nuevo implica, pues, el nacimiento de la humanidad en una etapa diferente, en la que prevalezca el espíritu de solidaridad y no el egoísmo de los individuos. Hombre nuevo como objetivo al que se llega por medio del resquebrajamiento de la propia individualidad para dar paso a una verdadera dimensión social.  Hombre nuevo también como producto de la revolución que destruya el sistema que impide la relación plena entre las personas que forman una sociedad.”… Che Guevara

Sin embargo, hace algunos días cayó un fuerte aguacero que generó como es habitual, caos en la ciudad. En la zona en donde me encuentro la situación es aún peor: se va por lo general el teléfono y el servicio de internet durante varios días. Para estos casos tengo un plan b con mis clientes. Me remito al uso de los datos telefónicos y la comunicación por celular, realizando extrañas maniobras para trasladar los documentos al artefacto y mandarlos con mucho esfuerzo y paciencia. Si es muy complicado llevar a cabo lo primero, debo trasladarme hacia el otro extremo de la ciudad en donde vive mi abuela, y en caso de que no haya internet allí tampoco, la solución será ir al cyber café. Lo interesante de todo esto, es que al trasladarme esa semana a un cyber café ubicado en una zona tan céntrica como lo es lo palos grandes, misteriosamente NO HABIA INTERNET ALLÍ TAMPOCO. ¿Es esta la verdadera relación plena entre las personas que forman una sociedad?

Días después mi madre y yo nos empezamos a dar cuenta de que de repente en las tiendas habituales en donde antes comprábamos mensual o quincenalmente sacos de Dog Chow de 22 o 18 kilos para las tres perras, ya no había nada, solo alimentos importados que implicarían gastar más de lo que gastamos en nuestra propia comida. También a esto se sumó la especulación por parte de algunos comerciantes, que aprovecharon la ocasión para vender la comida detallada a precios exorbitantes como por ejemplo 500bf un kilo de “dog chow” de dudosa procedencia. Ahora hemos decidido realizar sopones con carapachos de pollo y arroz integral, que llevan al menos 2 horas de preparación por día. Otra solución sería someter al vegetarianismo a las perras y lograr que se sientan a gusto comiendo cualquier cantidad de ramas,  zanahorias, berros, chayotas y demás, pero nos parece un poco complicado. Quizás esta es la etapa diferente de la humanidad a la que se refieren en el párrafo.

En el caso de nuestra propia comida, la situación no es muy distinta. Hace algunos años en la Venezuela rural, la tía que crió a mi abuela se caracterizaba por ser una artífice con todo lo que sobraba o ya se iba a botar en la cocina. Esas conchas de plátano que no servían sino de abono o para la vulgar descomposición, terminaban en un plato convertidos en suculenta “carne esmechada”, el arroz viejo podría servir para una sopa de tacos, las arepas podrían realizarse con masa de yuca, entre otras muchas recetas de ese remoto pasado a las cuales hemos tenido que remitir graduándonos con maestría en “Chef de escasos ingredientes” realizando las arepas sin harina pan, el cereal sin leche, las hamburguesas que no son de carne de res, etc. Podría ser egoísta de mi parte pensar que este mismo sacrificio con la comida NO lo están haciendo los altos funcionarios del gobierno.

Quizás el resquebrajamiento de mi propia individualidad para dar paso al hombre nuevo lo sentí el jueves pasado al verme atrapada con el carro accidentado a pocos metros de mi casa en un hueco con la más inclemente oscuridad pensando si ese sería mi último día cada vez que me pasaba un motorizado por detrás. Quizás vale la pena ahora el sacrificio de tener el carro parado por falta de repuestos hace dos semanas, con pronóstico a varios meses y tardarme más de dos horas en llegar al conservatorio, como si viviera en el interior del país prácticamente.

Quizás no me estoy dando cuenta de que vamos hacia un nuevo nacimiento de la humanidad, que lo que pasa es que a la propuesta que lleva 17 años gestándose no le hemos dado el tiempo suficiente. Quizás el espíritu de solidaridad renacerá como flor de loto en las personas que se caen a golpes en los mercales por una harina pan y un día se mirarán a los ojos y dirán que llegaron a la iluminación y que valió la pena. Quizás esta dimensión social a la que se refieren tiene que destruir literalmente TODO a su alrededor para poder nacer. Quizás nosotros, los ciudadanos de a pie somos los que tenemos que hacer el sacrificio, más no aquellos que nos gobiernan.

Quizás debo seguir esperando al nacimiento de este hombre nuevo,  solo un poco más…